En su acepción más común, la muerte significa el final de la vida, el término del proceso homeostático del cuerpo; está palabra por lo general viene acompañada de una emoción de miedo o tristeza, incluso ambas, pues desconocemos que es lo que “sucede” después de fallecer, pero también cuando es un ser querido el que se ve en esta situación, queda un vacío que genera nostalgia, condición, que en algunos casos, también genera culpa, negación y es aquí cuando se inicia un proceso de duelo por la perdida para intentar comprender lo sucedido pero sobre todo para aceptar y aprender a vivir sin aquellos que hoy no podemos ver. Desde mi perspectiva es aquí donde empiezan, y sí, empiezan a suceder unas cuantas cosas que son interesantes.
Social y culturalmente tenemos prácticas rituales desde las diferentes doctrinas, filosofías, credos y corrientes esotéricas a las que el hombre (cómo especie) tienen a su alcance; cómo mencioné en el párrafo anterior, estamos en búsqueda de poder darle un sentido a la perdida del ser querido y posiblemente a prepararnos para cuando nos toque hacerlo a nosotros; también buscamos mantenernos ligados a los que no están, si bien podemos poner ofrendar, hacer una oración, prender una vela frente a una fotografía o simplemente cerrar los ojos y recurrir a los recuerdos que tenemos con aquella persona, me parece que lo valioso de todo eso es darte cuenta que aquella persona aún sigue con nosotros.
Quien no recuerda las historias de los abuelos? Los regaños y consejos de los padres? Las enseñanzas de los maestros? En ese sentido deberíamos entender que realmente esa muerte solo es aparente y el dolor solo es pasajero, pues después el camino continúa. Si lo vemos desde un punto de vista biológico, existe la fauna y flora cadavérica, que son aquellos organismos que se encuentran en el proceso de descomposición del cuerpo; psicológicamente ya mencioné los recuerdos y enseñanzas por lo que siempre dejamos algo que le puede servir a los demás.
También podríamos recurrir a otro tipo de “muertes” o perdidas por ejemplo un divorcio, dejar de hablar con algún amigo o renunciar a un trabajo, estos eventos también implican dejar de cumplir ciertas funciones, dejar atrás algo que tal vez pensábamos serían para siempre, pero así como en la muerte, en toda perdía hay una enseñanza: que la vida continúa o más bien se renueva.
Anakainosis es una palabra muy curiosa, pocas veces se escucha y utiliza en nuestro vocabulario cotidiano, sin embargo en estos tiempos me parece que es importante aplicarla, para ello hay que saber su significado, pues quiere decir renovación, entendiendo está renovación como un proceso continuo, algo que requiere nuestro constante esfuerzo.
La masonería nos enseña a través de sus diferentes símbolos y grados, que el despojo es necesario, que primero hay que desprenderse de todo aquello que relamente no nos pertenece. El nacimiento y la muerte solo son estados de todo aquello que es producto de la generación, debemos pasar por diferentes procesos para purificarnos y encontrar eso o a ese quien realmente somos, pues nuestro cuerpo un día se pudrirá hasta los huesos, las prendas y las joyas no engalanarán nuestro recuerdo, entonces que es lo que realmente queremos dejar? El candor, el amor por la humildad, nuestros ideales, son aquello que relamente nos puede hacer trascender.
En un sentido más esotérico, la muerte definitivamente no es el fin, cuántas historias mitológicas no hay sobre pruebas que debemos pasar ? No cualquiera llega al Mictlán, a los Elíseos, al paraíso, al valhalla. De nuevo será que la muerte es una oportunidad para seguir evolucionando a un en otros “planos”, aquí algo bello que nos regala la masonería en los psicodramas de sus ceremonias, ya que de manera simbólica nos permite pasar por esos procesos de desbaste, quitando nuestros vicios, egos, las ataduras a este mundo material y renacer como hombres libres y de buenas costumbres.

Por último y como una curiosidad, en el tarot nos encontramos con la carta de la muerte, un arcano mayor, que simboliza un principio y un fin, de primera vista parece un caballero que cabalga victorioso y detrás se ve salir el sol, lo que me hace pensar en que debemos dignificar nuestra vida, salir triunfantes, y continuar en el amanecer de las nuevas oportunidades, pues para que nuevos ciclos inicien, otros tienen que tener su justo cierre. Y así mis queridos hermanos, espero que en su momento, el GADU quiera que no sea pronto, entreguemos esta vida física estando contentos y satisfechos, sabiendo que fuimos de utilidad para próximas generaciones y que nuestras ideas sirvan de abono para aquellos que las puedan aprovechar.
Saludos fraternos.
